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a raya



  
Tenías esa extraña manía
de creer que si le ponías voz   a todo lo que deseabas 
- a todo lo que te daba miedo -
se cumpliría

Y así cerrabas cada poema
con tres estúpidos puntos suspensivos
intentando no emitir sonido
para mantener el silencio.

Si es verso, es etéreo
así no viene
arañarme
el alma
infectando hasta mi aire
con sus manos 
manchadas
de todo el deseo que nos debemos
de cada suspiro que se escapa.

Debería estar prohibido morir
- de amor
amor -
de esperas llenas de resaca
mezclando tu ausencia con vino barato
con pies de cemento.

Coraza de paja
he soplado esperando a que te cumplas
y de tanto procrastinar
ya no queda nada.
 

Hoy duermo desnuda
- me he limado hasta las lágrimas -
quizás así aparezcas
sin pedir cita previa
para meter en dedo
en la llaga.

Me regalo el sonido del mar


Lo entendí horas después. Que aquellos besos eran una despedida.
Y lo sabía. Lo sabía desde el momento en que volví a sonreír por primera vez.

Después te tuve, y desde que te tuve no sabía lo que tenía. Ganas. O quizás miedo. O puede que tantas ganas que daban miedo.
Y eso que con el tiempo he aprendido a dejar el miedo debajo de la cama. Pero siempre llega el dichoso momento de volver y a mí se me pasa por la cabeza que hueles como casa. A café con leche por la mañana. Al jersey tres tallas más grande de los domingos. Y sé que soy yo, porque tú solo hueles jodidamente bien.
De mirarte y no saber por qué quererme perder allí, ya que quedarme es imposible.
De sorprenderme pensando que puedo traerte el mar a Madrid.