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Exagerar nunca fue necesario

[Coge aire, lee rápido]

Siete años envejece cada puto recuerdo
que atemoriza a mi subconsciente
intentando martillear con fiera insistencia
la inexistencia de unos lazos que se pudrieron
por la desgana de no querer hacer
lo correcto porque mirar hacia otro lado
era más fácil que actuar.

A uno mismo

Cuando desconectas pareces un caballero;
el punto de vista es propio y, por lo tanto, los adjetivos son banales,
pero el mundo se vuelve diminuto
y las ideas claras.

Demasiadas tareas se convierten en pluma
azul, papel rasgado y
descripciones algo forzadas.

Elegancia con
destellos iluminando perversas sonrisas,
tinta aquí, tinta allá,
buscas terminar,
necesitas terminar.

Picores,
entumecimiento y molestias varias,
llenas de palabras inventadas por nadie.
Aparecen sin más
y se esfuman con las distracciones;
postureovintage,
humo denso las camufla.

Entrando en este estado comienzas a acariciar el cierre,
un bucle deseado casi enfermizamente
el cual te da un estímulo que añoras
pero que debes apartar.

No todo son colores extraños;
la sinestesia es divertida, pero forzada
es pedante, innecesaria y presuntuosa.

Coge un poco de humildad y deglute, que la digestión
va a ser complicada.

Mi camisa vieja

Mi camisa está vieja,
y parece vieja,
tanto como los amaneceres contados.

Mi camisa está desgastada,
y parece desgastada,
tanto como los atardeceres pasados.

Sus colores se apagaron,
su tejido se agrieta,
ponérmela hace que envejezca,
pero no puedo evitarlo,
¿soy cruel por obviarlo?

La quiero a mi lado,
con sus dobladillos,
sus botones y sus arrugas,
hasta que no deba permitirlo,
¿soy melancólico por quererla?

Me gusta mi camisa,
pero debería llevar otra cosa,
porque es vieja,
y las cosas viejas
se agrietan
y mueren.

Estallido

Azulmarillo pixelado
bajo ruido blanco
por desviación de plato
ante coronas circulares
no concéntricas.

Gauss

La perfección del olor
a tranquilidad
y a sueños completados
es turbia
pero tensa,
como un amanecer tardío
y una merienda gris.